[Blog personal] Un maestro me acusó de plagio y así reaccioné…

Creo que la labor de maestro es muy compleja, muchas veces se necesita de intuición, de un sexto sentido que logré descifrar los problemas de un alumno aún y cuando este no de indicios de necesitar ayuda. Mucho se ha dicho acerca de los maestros y el favoritismo. Eso de mostrar cierta inclinación hacia algunos alumnos ¡y es normal! No voy a negar que el comportamiento de crear alumnos favoritos es un proceso casi inconsciente y es ahí donde se resguarda el problema. Estar inconsciente de este comportamiento puede lidiar a un menosprecio o prejuicio no voluntario al resto del grupo si no se detecta. Brindar el apoyo y la ayuda necesaria que el alumno necesita hará que muchas veces el maestro se lleve una sorpresa y que algún alumno tenga una calificación que contraste con calificaciones anteriores. El caso aquí es no crear ningún prejuicio cuando se trata de alumnos, porque el proceso de aprendizaje es complejo y no todos aprenden al mismo ritmo, sin embargo eso no quiere decir que los que parecen ir un poco atrás no puedan rendir resultados igual o a veces mejores que sus demás compañeros. Desafortunadamente mi profesor que argumentaba no tener favoritos, no sólo mostró un comportamiento contrario sino que se basaba solamente en los números que anteceden a sus alumnos para medir su “nivel competente”.

¿Cómo hiciste tu trabajo?

Esa fue la pregunta que me hizo mi maestro al entrar a su cubículo. Entonces de forma rápida para crear contexto les cuento que con este maestro nunca había obtenido una calificación menor a nueve pero que en una ocasión cuando las actividades del trabajo coincidieron con los de la escuela, decidí no hacer uno de los exámenes que aplicó. Fue curioso que el maestro en ningún momento se acercara a preguntar qué era lo que pasaba porque cabe señalar que no fui el único que no hizo su examen. Su preguntas más bien, giraban entorno a hacer el examen y no al factor que nos orillaba a decidir no hacer dicha evaluación. Ese fue el momento donde me construí una imagen ante el maestro. De alguna forma el ir en contra del funcionamiento tradicional siempre tiene sus efectos.

Continuaré mi narración en forma de cuento en primera persona.

 

Pensé y recordé que había elegido ese tema porque me había gustado. Entonces empecé desde el principio.

—Pues elegí escribir sobre santa Teresa de Jesús por el fragmento de “muero porque no muero”, profe. Encontré siete artículos de los cuales me quedé con tres porque los demás hablaban de otras cosas. Creo que uno era sobre la música y otro sobre sus reformas.

 

El maestro me miraba con mucha atención.

 

—Los artículos eran… bueno, uno era sobre el misticismo, otro sobre santa Teresa y la literatura y religión; el último era sobre el análisis de santa Teresa desde una perspectiva psicoanalítica. Entonces lo que hice fue llevar una línea argumental donde tocara estos tres puntos.

 

El maestro seguía atento, me miraba fijamente.

 

—¿Por qué? — había tenido la curiosidad de saber, tal vez mi trabajo estaba muy bien hecho.

—Es que tuve algunos problemas con tu trabajo, ¿sabrías decirme cuáles crees que hayan sido esos problemas?

Lo que sí podía decir en ese momento es que soy muy optimista.

—¿El tema?

Solo movió su cabeza en negación y agregó un “No” al final. Yo seguí pensando y pensé que tal vez no estructuré bien mis ideas o…

—Mira, te lo pondré más fácil; yo te lo voy a decir. No oigo tu voz en tu trabajo.

Yo sonreí y creo que hasta reí un poco.

—Ah, sí, profe es que puse varias citas, ¿es eso?

—No, no es ese el problema, las citas están bien, sino que no escucho a Oscar cuando leo tu trabajo. Y es que es delicado creo que tu trabajo es… plagio.

No podía ver mi reacción pero estoy segurísimo que fruncí el ceño.

—¿Q…qué, por qué lo dice profe?— mi tono de voz había cambiado al ver que no era broma.

—Lo que pasa es que hay partes en las que no pareces ser tú y usas términos que aún no hemos visto…

—¿Cómo cuáles…?— mi molestia hizo que lo interrumpiera y seguí mientras el me mencionaba no sé qué cosas — porque si acaso me equivoque en algo, puede que sea en las citas y le haya atribuido la autoría de un artículo a la persona equivocada, pero no creo porque yo lo releí antes de mandarselo y corregí un error que encontré de ese tipo. O a ver, léame algún fragmento que según usted no es mío.

Solo me veía y creo que su bigote se movía.

—Pues mira, por aquí hay una parte— su atención se focalizó en encontrar ese fragmento— ah, aquí está: “De esta manera se justifica que el contacto de Santa Teresa con las escrituras bíblicas fue constante. Una característica de la literatura es su interpretación múltiple, así que se puede establecer un entorno de recurrencia a los estudios eclesiásticos. La lectura y estudio de los pasajes se ven complementados por los círculos sociales que funcionan como catalizadores en el ánimo de Santa Teresa”.

Yo ni siquiera reaccioné, esas palabras eran mis palabras. Y para no ser el cuento muy largo, recuerdo haberle dicho al maestro al maestro la materia, el semestre y el tema que vi según los términos que él creía que “aún no veíamos”.


Tuve que salir en defensa de mi texto y si algo aprendí de ese encuentro con mi maestro es que ser pre-juicioso puede cegar a un docente en ver las capacidades de un alumno.

Admito que después de analizar el asunto me sentí un poco mal porque el profesor tenían una concepción no muy competente de mi parte para poder escribir algo así y que la única forma de obtener un texto así es copiarlo. Pero bueno, siempre busca sacarle una buena lección a estos momentos desagradables. Yo aprendí algo sobre qué hacer y qué no hacer con mis alumnos.

PD: Debo señalar que aunque en esta entrada se vea algo de enojo (que lo hubo, un poco), al final del día respeto mucho a ese maestro porque es muy bueno en su área y de no ser por ese detalle en su comportamiento, sería un verdadero ejemplo a seguir en cuestión de disciplina.
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