La contracultura contemporánea en México

México, un país en pleno desarrollo que por consecuencia presenta inestabilidad económica, lo cual lo convierte en víctima de una crisis sedentaria; representa un campo factible para la incubación de  movimientos contraculturales y sí que los hay.

Empecemos por aclarar el concepto de contracultura, la cual básicamente consiste en tendencias, valores y formas que chocan con lo ya establecido en la sociedad. Se suele referir a movimientos organizados, cuya acción afecta a muchas personas y  que suelen mantenerse por un período considerable. La contracultura es interpretada de dos formas; por un lado; como una ofensiva contra la cultura dominante y por la otra, como una cultura alternativa que permanece al margen del mercado y de los medios de formación de masas.

A lo largo de la historia ha habido múltiples manifestaciones contraculturales de popularidad internacional, tales como la bohemia que se inicia en el siglo XIX, la Generación Beat norteamericana de los años cincuenta misma que conllevó al movimiento hippie a fines de los sesenta.

México suele verse altamente influenciado por las tendencias contraculturales que surgen de su país vecino, Estados Unidos, un país que actúa de incubadora a diversas vías y movimientos contraculturales, que son distribuidas e impuestas por medios de comunicación masivos, siendo el internet el principal elemento de difusión, junto con tratados internacionales de comercio (como el Tratado de Libre Comercio) y la globalización; juntos, conforman un colectivo de factores que aceleran el proceso de difusión de nuevas tendencias contraculturales.

Las corrientes contraculturales son, en mayor parte de los casos, producto de insatisfacción social, lo cual puede ser consecuencia de múltiples motivos, es por eso que las tendencias contraculturales tienden a ser representados por aquella parte de la población sensible y de tintes “revolucionarios”: los jóvenes. Independientemente de quién origina el movimiento, la juventud juega un papel muy importante en el proceso de protesta (si es que la hay), ya que implica energía y conocimiento a la hora de alzar la voz y comunicar de manera adecuada las causas del movimiento.

Algunas de las contraculturas más populares de nuestro tiempo han sido, por ejemplo, el movimiento Yo Soy 132, las manifestaciones por la desaparición forzada en Iguala, las manifestaciones por la injusticia cometida en el incendio de la guardería ABC, los paros laborales por parte de maestros de la Secretaría de Educación Pública; todos y cada uno de estos ejemplos tienen tintes similares a los movimientos estudiantiles de 1967, 1968 y 1973. Estos ejemplos representan la parte ofensiva contra la cultura dominante, según una de las interpretaciones sobre la contracultural, es decir, existe una organización en protesta en defensa de un ideal común, que en muchos de ellos es la exigencia y necesidad de justicia ejecutada de manera correcta. Es cuando sobre los establecido, una parte de la población se ve afectada por la cultura dominante del sistema.

Por otro lado, como ejemplo de la contracultura en su definición de “cultura alternativa”, existe actualmente lo que se conoce como la narcocultura. Dentro de la narcocultura, uno de los elementos que le aporta mayor representación son los narcocorridos, que deriva del corrido,  que fueron esas heroicas baladas que celebraban a los fugitivos pistoleros de la Revolución y que el narcocorrido retoma para difundir la vida y obra de los narcotraficantes.
Al igual que las contraculturas adoptadas en México, como el del hípster, que contiene elementos o características representativas, convirtiéndose en una cultura alternativa presente en el mercado y difundida directa o indirectamente en los medios masivos de comunicación; del mismo modo la narcocultura ha sido difundida por el país por medios masivos de comunicación, lo que conlleva a la difusión y posible adopción de dicha cultura alterna, o “modo de vida”.

Existe la idea popular de una supuesta degeneración que aporta el narcocorrido, pero la contracultura, vista desde ambas partes de su interpretación, aporta una vista panorámica a la situación actual del país. Las manifestaciones delatan la ineficacia del Estado en materia de seguridad y la narcocultura, como menciona Noëmie Massard en “El narcocorrido mexicano: expresión de una sociedad en crisis”: “(…) el narcocorrido revela una tradición musical llena de vitalidad, mostrando el lugar que ocupa el narcotráfico en la cultura mexicana contemporánea”.

Es común ver a cada vez más jóvenes adoptar la ideología de la narcocultura, siguiendo los “parámetros” comerciales que implica representar dicha cultura, al igual que cualquier otra manifestación. Pero cabe señalar que es una pena, que a diferencia del primero,  los movimientos protestantes vislumbran una mayor inconsistencia, una falta de identidad y difusión; acto que sólo desnuda otro factor decadente del país, la opresión hacia la libertad de expresión.

Al final, resulta interesante ver como la contracultura cambia según en dónde se encuentra el individuo, ya que, como causante del daño o como afectado, se percibe, pero de forma distinta. Independientemente de eso, los intereses personales demuestran la sensación de peligro ante cualquier organización, movimiento o tendencia que implique difundir o atacar sus acciones o forma de vida preestablecida. Sólo cabe analizar ¿a qué personas afectan los movimientos contraculturales? ¿Presidentes, políticos? ¿No son las injusticias, en primer lugar, ya una contracultura?

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Referencias:
Ecu Red. Conocimiento con todos y para todos. Extraído en septiembre de 2012 de http://www.ecured.cu./index.php/Contracultura
Massard Noëmie (1980). “El narcocorrido mexicano: expresión de una sociedad en crisis”. La siega entrega. 2. Extraído septiembre de 2012 de http://www.lasiega.org/entrega2/entrega2_9.pdf
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