El motivo por el que trabajar con niños me corrompió

En esta foto, faltan cuatro más y serían los diez niños que asisten al preescolar.
En esta foto, faltan cuatro más y serían los diez niños que asisten al preescolar.

Siento que ya no soy el mismo inexpresivo, ahora me quiebro con mayor facilidad ante el sufrimiento ajeno, lo cual ahora veo que no es malo y de que no es símbolo de debilidad, sino el elemento que nos hace humanos en su total plenitud.

En lo personal, no me considero una persona muy expresiva en el aspecto sentimental, y  aunque tampoco soy un psicópata insensible, trabajar con niños de preescolar la verdad fue algo que mejoro ese lado de mí.

Ahora que ya no estaré frente a un grupo por tiempo largos, ya que como capacitador de los maestros de preescolar, solo soy un factor de apoyo, pero pues eso no me salva, bueno, más bien no salva a los niños de tener accidentes, como golpes, caídas y que eventualmente llevan al llanto.

Incluso antes de entrar, sabía que habría uno o dos que llorarían, porque es común que pase los primeros días, y sí, así fue, hubo un niño que lloró…  y mucho. Los primeros casos de llanto no los sabía manejar, pensaba en insistir, luego recordé que me indicaron era mejor no hacerlo, así que no lo hacía y pues en un principio me funcionó. Pero en mi persona, sentía que yo ponía una barrera entre los niños y yo, aunque había momentos de abrazos y de aliento, siento, ahora que lo estoy escribiendo y reflexionando, que nunca hubo una buena conexión. Pero eso lo fui mejorando…

El día del accidente

Recuerdo aquella ocasión, que de hecho lo marque en la agenda del año pasado, cuando un niño se me accidentó, fue un 4 de septiembre, los niños ya estaban por salir, sola les faltaba hacer el aseo, en eso sale uno de los niños a echar el polvo a fuera del aula, yo me dirigí a ayudar a una de las niñas para ayudarle a borrar lo que había arriba de la pizarra y sin más escuche un grito, era el niño que estaba “sacando el polvo”. Con frecuencia su mamá deambulaba a los alrededores del preescolar unos minutos antes de que su hijo saliera, pensé que ese era el motivo del grito, más cuando lo vi entrar, su frente estaba cubierta en sangre, el niño había intentado saltar de una baqueta a otra en donde en medio de estas había una des nivelación considerable, el pequeño se había golpeado la frente con la pura esquina de la banqueta que no había logrado alcanzar. Cuando vi la sangre no supe que hacer, solo le cubrí la herida, se la limpié e intente ver la gravedad del golpe, con decir que mejor lo cubrí después de verlo, porque hasta la fecha no sé si lo blancuzco que mire en su herida era el cráneo o si solo era la presión del momento que me hacía alucinar. La clínica en ese entonces no la abrían nunca, porque no había doctor, afortunadamente desde inicios de febrero llegó un pasante a la comunidad, pero entonces nunca la abrían, ese día estaban haciendo la instalación de una antena y pude llevar al niño y para que por lo menos le hicieran una limpieza adecuada. Estuve con el niño, jugué con él y le inflé un guante de látex para que jugara.

A lo que quiero llegar con esto es que, no sé de donde pero ese día recuerdo haberle dicho al niño cosas como “mi niño vas a estar bien, no pasa nada”, “no mijo, mira estas bien”, “ay mijito…” , me tomó por sorpresa todo y no supe cómo ni cuándo, pero ese día le brinde un apoyo y cariño tan paternal podría decirse, porque para ser sinceros ni a mis propios sobrinos les digo mijo o mija, o mi niña. Gracias a Dios no pasó a mayores, pero de ese momento en adelante, hay ocasiones en que les digo así a los niños, mi niño” o “mi niña” y la verdad me siente cómodo, como que obtienes un sentimiento fuerte de unión porque estas afirmando que esa persona ya es algo tuyo y que deseas proteger.

Con amor te ganas a las personas

Me doy cuenta que tal vez yo aprendí más de los niños que ellos de mi. En enero de este año, una maestra visito mi comunidad, porque para ese entonces yo ya estaba como capacitador y estaba buscando un reemplazo, no fue fácil, el ver que entregas a tus peques a otra persona, te hace cuestionar acerca de qué tan bien hará el trabajo esa persona que te sustituirá.

La muchacha que llego era muy cariñosa, les marcaba besitos en los cachetes los abrazaba frecuentemente y era evidente que de un día para otro, lo que a mi me costo hacer en un mes y cacho, ella lo hizo en un día. Fue ahí donde me di cuenta que estaba mal, que realmente no pasaba nada si les mostraba un poco de más cariño a los niños, tal vez no igual que la maestra, pero sí un poco más. Ese momento fue algo revelador y fue una oportunidad de conocerme mejor.

Cuando comprendes la tristeza del niño, se crea un vínculo fuerte.

El día de ayer (jueves 12) mientras daba la clase, una niña se metió por debajo de las mesitas, en un principio pensé que se trataba de una manifestación de enfado, le llamé la atención, no salía, le volví a llamar la atención, nada. Los niños me dijeron que estaba llorando. Anteriormente, la maestra me había mencionado que la niña había llorado en la clase de hace dos días durante la hora del cuento porque el cuento le recordaba a su mamá, que no estaba en ese momento en el pueblo. La maestra modifico el cuento para no hacerla llorar y le dijo que su mamá volvería, eventualmente unos días después regresó su mamá.

Ese día que lloró, después de insistirle que saliera, me dijo que quería ver a su papá Fabián, su padre biológico, ella decía que ya nunca lo podría ver, porque estaba muy lejos… yo no sabía que decir, simplemente la abrazaba fuerte, le daba palmaditas en la espalda y le decía: “No llores mija, vas a ver que de la misma manera que tu mami regreso, así va venir tu papá y lo podrás ver”, muy en el fondo me sentía muy mal, mi papá me dejó cuando tenía tres años, verla llorar me destrozaba, porque realmente no conocía su situación, en el fondo sólo rogaba de que no fuera algo como lo fue mi infancia. La niña es una persona adorable, fácil de querer, expresiva e inteligente, ella me estaba enseñando que a pesar de haber vivido momentos desagradables, siempre es mejor no contarlos y que sale mejor apoyar y alentar a los demás. Siento que ya no soy el mismo inexpresivo, que ahora me quiebro con mayo facilidad ante el sufrimiento ajeno, lo cual ahora veo que no es malo y de que no es símbolo de debilidad, sino el elemento que nos hace humanos en su total plenitud.

Espero que su entorno, los medio no corrompan la pureza de su sentir.
Espero que su entorno, los medios no corrompan la pureza de su sentir.

Lo que me llevo

Quiero ser niño,para poder llorar, reír y bailar sin miedo a prejuicios, sin tener que comparar mis sentimientos con fortalezas y debilidades, quiero llorar cuando vea sufrimiento porque no quiero ser lo que los medios quieren que sea, un insensible al sufrimiento. Quiero ser niño, más no un ingenuo, porque quiero formar parte de la solución de dicho sufrir.

El cambio que me llevo es ese, que aunque tengo mucho por hacer, paso a paso siento esa libertad de dejar las lágrimas brotar, de dejar mi sonrisa iluminar y de hablar para apoyar. Este año de servicio en CONAFE me ha servido como persona, porque explore el lado sensible que todos tenemos pero no todos quieren tener, Entonces como testigo, te invito a que reflexiones acerca de cómo eres tú en el momento de manifestar tus sentimientos ¿lo haces con libertad? eso no solo implica reír, sino también llorar, ¿eres solidario? ¿qué es lo que te conmueve?, piénsalo.

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Mr. *snif snif* Hyde

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